- La diferencia entre el acoso y las agresiones esporádicas, o las chiquilladas, es que, en el caso del acoso, estas agresiones (que pueden ser tanto físicas como psicológicas) van siempre dirigidas hacia la misma persona, y se producen de una forma prolongada en el tiempo.
- El acoso escolar está presente en todos los colegios e institutos. Aquellas instituciones que afirman ardientemente que en el suyo no ocurre son quizás las más peligrosas, ya que no ven -o no quieren ver-, y en caso de problemas anteponen como prioridad que no se sepa públicamente el asunto antes que solucionar realmente la situación.
- El acoso comienza por una situación previa de desensibilización y falta de empatía en el grupo. Los mecanismos más efectivos de prevención son los que, desde las primeras etapas de desarrollo de los niños y niñas, se fomenta el desarrollo de la empatía, se condena el uso de la violencia, y se enseñan formas de asertividad y resolución adecuada de conflictos.
- Los colegios e institutos que intentan negar la evidencia, y afirman con más rotundidad que en ellos no ocurre, son los peores en el caso de que haya problemas, ya que irán a la solución más fácil para ellos, que es inicialmente negar la evidencia, y posteriormente ponerse de parte de la mayoría acosadora y culpar de todo a la víctima, agravando aún más su situación.
- Castigar por igual a quienes son víctimas y quienes acosan, u obligarles a entenderse forzándoles a estar juntos o juntas no es nunca la solución, y lo único que hace es agravar el problema. Una situación de acoso no es un conflicto en el que haya que mediar, sino una situación de dominación de una persona en la que se establece de facto una relación de desigualdad, en la que la víctima ha de ser protegida de alguna forma.
- Aunque es habitual que el nivel de acoso físico sea algo superior en instituciones públicas, y el acoso psicológico en centros concertados o privados, estos últimos a menudo son los que suelen reaccionar peor en el caso de que se descubra abiertamente una situación de acoso, ya que suelen anteponer el prestigio del centro por delante de la resolución real de la situación.
- No existen acosadores ni acosados como indicadores de una identidad. Existen situaciones de acoso. Acosar es una acción, no una identidad. No se es un acosador o acosadora, sino que se ha acosado. El mundo no se divide en buenos y malos.
- El acoso no es un nunca un problema de dos, siempre es un problema colectivo (incluso en los mal llamados casos de “acoso doméstico”).
- Algunos acosadores y acosadoras confiesan que lo hacen para no ser ellos los acosados. La única forma de romper este círculo es dándose cuenta de que el paradigma en el que se basan está equivocado, y el mundo no se divide en acosadores y acosados -o en lobos y en corderos-, sino que hay muchas posiciones transversales a ese eje. No es necesario ser un acosador para no ser acosado.
- Las medidas correctivas no funcionan. Una vez que está en su punto álgido la situación de acoso, no es posible cortarla eficazmente sin sacar a la víctima del entorno hostil en el que se encuentra, dejando siempre secuelas en ella y reforzando la conducta de los acosadores, al haber resultado exitosos sus métodos.
- Aunque es profundamente injusto, a menudo la solución menos traumática para la víctima es cambiar de colegio o instituto, e incluso posiblemente de ciudad -si ello es posible-, aunque con ello se permita que los acosadores “hayan ganado”. Intentar conseguir que se haga justicia, a menudo teniendo a la dirección del centro en contra, suele suponer aún más daño para la víctima, independientemente del resultado final que se consiga en los tribunales.
- La justicia es absolutamente nula en este campo. A menos que te hayan provocado lesiones físicas y tengas un parte médico, lo demás es muy difícil de probar. La justicia es mucho más garantista con quienes acosan que defensora de quienes son víctimas de acoso.
- La clave del control de estas situaciones está en las personas que asisten a las mismas sin intervenir, tanto quienes presencian impasibles la situación de acoso sin hacer nada, como quienes corean a las personas causantes de las mismas, bien por protegerse de dicha situación o por estar en el bando vencedor, aunque no tengan verdadera intención de acosar. La única forma de solucionar realmente una situación incipiente de acoso es enseñar a estas personas a reaccionar ante ella.
- Las agresiones físicas suelen ser llevadas a cabo más por personas con bajas habilidades sociales, mientras que el acoso psicológico está más relacionado con personas con baja autoestima que tienen mejores habilidades sociales.
- Las agresiones físicas o directas son más habituales en chicos que en chicas. En el caso de agresiones psicológicas o indirectas, al contrario de lo que mucha gente cree, no hay un sesgoi significativo respecto al género, y se da por igual en chicos que en chicas.
- A pesar de ello, el nivel de agresiones físicas por parte de las chicas aumenta a gran velocidad. De todas formas sigue habiendo una mayoría abrumadora de acoso por parte de varones.
- El acoso se da más en la educación primaria que en la secundaria, aunque adquiere formas más visibles en secundaria.
- Las víctimas del acoso suelen ser aquellas que presentan menor dificultad a los acosadores, bien porque tengan una menor capacidad de creer en sí mismos, de pedir ayuda, de ejercer sus derechos o simplemente de defenderse. El acosador hace varios intentos antes de seleccionar a su víctima. Si uno de los elegidos le responde y se defiende va a por otro.
- Una situación de acoso jamás se resuelve sola. El transcurso del tiempo, si no se hace nada, siempre juega contra la persona acosada y empeora la situación.
- Uno de los componentes preventivos más importantes a nivel individual es la capacidad de hacer amistades. El tener una sólida red social de apoyo alrededor es un antídoto contra el bullying.
- Callarse y aguantar a ver si la solución se arregla por sí sola nunca funciona. Hay que enseñar a niños y niñas a pedir ayuda en las primeras etapas del acoso, si ven que son incapaces de afrontarlo, y no a aguantar y callar estoicamente, permitiendo que la situación se enquiste. En ocasiones no es una buena idea pedirle a la víctima que se defienda o que devuelva los golpes, ya que por lo general el agresor suele ser más fuerte.
- Nunca hay que hacer sentir culpable de la situaciñon a la víctima, ya que esto sólo genera un sentimiento negativo de culpabilidad que se añade a la dureza de la situación psicológica por la que está atravesando y no ayuda a solucionar el problema, incluso lo agudiza. Si un niño, niña, o adolescente se queja de acoso escolar, en principio hay que creerle.
- Es muy aconsejable pedir ayuda profesional por parte de un psicólogo o psicóloga que esté especializado en el campo infantil o adolescentes.
(última actualización: 2009.01.19)

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